La perspectiva de género se refiere a la metodología y los mecanismos que
permiten identificar, cuestionar y explicar la discriminación, desigualdad y exclusión
de las mujeres, que históricamente se ha pretendido justificar con base en las
diferencias biológicas entre mujeres y hombres.
Desde los años noventa, a esa perspectiva se suma la interseccionalidad, y ambas
constituyen una herramienta conceptual que busca mostrar en primer lugar, que las
diferencias entre mujeres y hombres se dan no sólo por su determinación biológica,
sino también por las diferencias culturales asignadas a los seres humanos. Y en
segundo lugar, que al interior de las categorías mujeres y hombres existen
situaciones, experiencias, perfiles diversos.
La interseccionalidad se plantea como “una herramienta analítica para estudiar,
entender y responder a las maneras en que el género se cruza con otras identidades
y cómo estos cruces contribuyen a experiencias únicas de opresión y privilegio”
(AWID, 2004), ha permitido avanzar en la visibilización, análisis y explicación de cómo las categorías sexo, etnicidad, edad, orientación sexual, religión, clase,
localización geográfica, discapacidad, entre otras, se combinan para determinar la
posición social de personas individuales y de colectivos sociales.
La perspectiva de la interseccionalidad, hace más complejo el análisis social, remite
a situar y contextualizar, visibilizar y problematizar, teniendo como referente las
relaciones de poder en el marco de sistemas regidos por un orden de hegemonía
patriarcal. Asimismo, es clave para centrarse en contextos particulares, en
experiencias específicas y en los aspectos cualitativos de temas como la igualdad,
la discriminación, y la justicia.